Si bien en muchos momentos fue uno de esos típicos amistosos de mitad de pretemporada, en los que todavía cuesta soltar las piernas y los movimientos no terminan de estar del todo aceitados, este empate 1-1 de River contra Millonarios en la fría noche de Núñez le permitió a Martín Demichelis sacar algunas conclusiones en cuanto al juego.
Demichelis empezó a ver en acción a todos los refuerzos que llegaron hasta ahora: desde el recientemente llegado Ledesma hasta un Peña que se reestrenó, las cuatro caras nuevas tuvieron la chance de mostrarse ante un DT que los siguió atentamente y un público que los esperaba.
Fueron ellos y el atrevimiento de Mastantuono (entró a los 14′ del ST), en definitiva, lo más atractivo de un partido que en general fue chato, con un River que dominó pero que le costó trasladar esa posesión (63%) en chances de peligro por su lentitud en la circulación. Conan rápidamente se puso los guantes y tuvo mucha seguridad en sus precisas salidas con los pies y en las pocas que le patearon (levantó a la gente con una buena atajada en un tiro libre), demostrando que competirá por un lugar; Gattoni estuvo firme en cruces, anticipos y pases; Peña distribuyó mejor la pelota que Fonseca y hasta fue central los últimos minutos; y Carboni se proyectó constantemente por izquierda.
Sin embargo, los cuatro -en diferentes momentos del partido- no fueron suficientes para elevar un rendimiento general que se pareció más a las olvidables versiones de Temperley, Argentinos y Riestra y no tanto a lo que se pretende para este segundo semestre, el más importante del ciclo. Y es tan cierto que el contexto de pretemporada no colaboró como que se esperaba más: la gestación dependió exclusivamente de un Lanzini que volvió a jugar tras su pequeña fractura en el primer metatarsiano y mostró lógicas intermitencias.
En ese sentido, tan solo 31′ de Mastantuono, que se dieron cuando Demichelis cambió ocho jugadores, bastaron para levantar a los hinchas y al equipo en general: centralizado, generó las jugadas más peligrosas de River y rompió el molde a pura gambeta y desfachatez. Hizo olvidar, al menos por un rato, la ausencia de un infaltable Echeverri. Entre él y los refuerzos, fueron lo mejor.





