El «Xeneize» refuerza su delantera con el goleador paraguayo, mientras que River Plate capitaliza la venta gracias a antiguos acuerdos contractuales.
El traspaso de Adam Bareiro a Boca Juniors se convirtió en la noticia del día, no solo por el salto del jugador a la Ribera, sino por el entramado económico que beneficia a River Plate. En una carambola financiera poco frecuente, el máximo rival del club comprador recibirá una compensación económica por el movimiento de un futbolista que será su oponente directo en la próxima temporada.
La ingeniería económica del pase determinó que, para destrabar la salida del delantero de San Lorenzo, Boca debió aceptar las condiciones de un contrato que arrastraba porcentajes a favor de River. Los analistas destacan la «habilidad administrativa» del departamento legal de Núñez, que logró asegurar cobros por futuras ventas incluso tras la salida del jugador de su órbita directa hace tiempo.
Con este dinero, River planea reforzar su estructura de divisiones inferiores, mientras que Bareiro ya se prepara para realizarse la revisión médica con el conjunto azul y oro. El fútbol argentino vuelve a demostrar que, detrás de la pasión y la rivalidad, existe un negocio de porcentajes cruzados donde los grandes clubes suelen estar interconectados por la letra chica de los contratos.





